El underground iraní.

Siguiendo con la temática que le ha ocupado desde sus inicios, la documentalista iraní Zeinab Tabrizy se encuentra trabajando en estos momentos en un documental que hablará sobre el tema de los músicos callejeros en su país. “Estoy buscando plasmar sus retos y problemas, así como sus objetivos. Llevamos más de un año haciendo esto y ha sido un año en el que las representaciones musicales en las calles se han multiplicado”, nos cuenta esta originaria de Teherán. “El tema de este documental es muy relevante y se suma a todo lo que he venido haciendo con Paliz Khoshdel, con quien formo un equipo de trabajo”. Tal vez el motivo que la mueve es la intersección del arte con la libertad de expresión. “¿No es verdad que todos aspiramos a la perfección? Puede ser que tu ideología personal te ayude a estar un paso más cerca de esta perfección, así que ¿por qué no podemos ser libres de expresar nuestros pensamientos a través de algo tan maravilloso como el arte? El capitalismo y los medios se interponen en el camino de la libertad, coartando a los seres humanos contemporáneos y a los artistas”, mencionó en una entrevista exclusiva que fue concedida a dhfest, donde con palabras de esperanza, nos dejó muy claro que no está dispuesta a abandonar su arte, por más que encuentre mil obstáculos en el camino.

DHFEST> ¿Qué inspiró el trabajo que haces?

ZEINAB TABRIZY> Cuando era pequeña, a los 7 años, me enamoré de la idea de convertirme en actriz por la primera vez y fue como un sueño para mí. Pasaron los años y de adolescente me di cuenta de que el mundo detrás de la cámara era aún más increíble que el que está frente a ella. Fue entonces que decidí estudiar en una universidad de arte para descubrir todo lo que traía dentro, lo que había a mi alrededor y la vida misma. Lo que realmente me inspiró y que me hace tomar la cámara y hacer una película como la que estamos haciendo ahora, es hablar sobre los jóvenes que forman una sociedad emergente en Irán, cuya historia nunca se cuenta de manera verdadera por el gobierno. Paliz Khoshdel y yo formamos un equipo y nos encanta trabajar en temas undergroundy la vida oculta de los jóvenes en Irán.

DHFEST> Estábamos leyendo una historia sobre un maestro en los Estados Unidos que permite el grafiti en su clase y alienta a sus alumnos a hacerlo en vez de tratarlo como un crimen. ¿Por qué crees que a menudo se trata el grafiti como crimen?

ZT> Son dos cosas. Primero, es una regla en todo el mundo prohibir que los artistas callejeros hagan su trabajo porque se considera vandalismo. Cada municipalidad o ciudad en el mundo tiene sus propias reglas para mantener las ciudades limpias, por ejemplo, en Irán tenemos organizaciones de embellecimiento, que se encargan de limpiar las paredes y son los enemigos más serios para los artistas callejeros después de la policía. Estas organizaciones están haciendo su trabajo, pero con el paso del tiempo se ha probado que es más difícil prohibir el arte callejero. Lo segundo es que se ha cumplido una década desde que el grafiti y arte callejero se volvieron una manera común para los artistas pata expresar su ideología. La gente que va pasando por la calle se convierte de manera instantánea en su público. La realidad es que el gobierno quiere limitar a los artistas callejeros y ellos deben de pelear más y necesitan gritar más fuerte para que salga la verdad. Y he aquí un hecho: ¡entre más fuerte le pegues a la pared más duele!

DHFEST> ¿Por qué crees que los mensajes retratados en grafiti son tan poderosos? Por ejemplo, en tu documental Mutiny of Colour, vemos algunos con las palabras Amor, Esperanza y Paz…

ZT> Esas son exactamente las palabras que más necesitamos en una sociedad como la iraní. Así que los artistas callejeros tratan de compartirlas con la sociedad a través de su arte. El Medio oriente es una casa repleta de conflictos de guerra y terrorismo pero a la vez hay mucha gente inocente y ciudadanos civilizados y amables que necesitan este tipo de mensajes de amor pintados con colores vibrantes en las paredes. Queremos estos mensajes en nuestras vidas, para poder habitar un mundo lleno de amor, esperanza y paz.

DHFEST> ¿Cuándo fue la primera vez que tomaste una cámara?

ZT> Recuerdo cuando era niña me encantaba tomar la cámara de video de mi papá y filmar escenas familiares; recuerdo que les pedía que actuaran como algún personaje, que lo hicieran lo más cinemático posible. Profesionalmente, la primera vez que tomé una cámara fue a los 18 años cuando estaba estudiando cine.

DHFEST> ¿Por qué crees que el cine es tan importante en sociedades muy estrictas que no permiten mucho espacio para las artes?

ZT> Es por el lenguaje mágico del cine. Es uno de los medios más bellos e importantes para expresar ideas, sobre todo a nivel internacional. Es fácil de entender y a la vez complejo. Es una manera de conectar a la gente de todo el planeta y es tan claro como la luz del día. Tiene tanto poder el cine, que a veces los gobiernos lo utilizan también para proteger sus propios intereses. La tarea de los cineastas independientes será siempre de hablar con libertad sobre sus ideologías y conferir inteligencia a la gente a través de la n de ciertos hechos.

DHFEST> ¿Qué es lo que más te enorgullece de tus películas?

ZT> Una de las cosas que más me enorgullecen de nuestras películas es el hecho de que han cambiado el punto de vista del gobierno y la sociedad sobre la vida oculta de la juventud iraní, que nunca antes había sido vista por lo que realmente era. Nuestro estilo de hacer cine es el opuesto absoluto de lo que piensa y promueve el gobierno sobre cómo tratar los temas de las nuevas generaciones. Ayuda mucho a estos jóvenes el poder proyectar sus ideas y pensamientos y mostrar su vida real frente a una cámara sin miedo a ser juzgados. Para nosotros es algo maravilloso porque podemos ver como se desarrolla todo esto detrás de las cámaras. Créanme es realmente arriesgado hacer cine underground en Irán, porque se considera como un crimen. Es un reto. Sui el gobierno detecta tu acto artístico (¡al que por supuesto nunca llaman arte!) lo consideran una afronta a la sociedad, una burla. Pero nada de eso nos ha detenido y sólo continuamos los que estamos haciendo. ¡No estamos dispuestos a rendirnos!